Todos hemos sentido ansiedad alguna vez en nuestras vidas.
Es una reacción normal ante ciertas circunstancias que pueden representar un
peligro para nosotros, y nuestro sistema de supervivencia está tratando de
protegernos.
Por ejemplo, la ansiedad nos es muy útil cuando vamos caminando por la
noche en un vecindario peligroso, para estar más alertas, o cuando tenemos un
examen importante y nos motivamos a estudiar bien.
Hay muchos ejemplos cotidianos en donde es muy natural e incluso útil
sentir ansiedad. Sin embargo también hay muchas ocasiones en que una persona
siente una ansiedad demasiado intensa, que en lugar de ayudarle a sobrevivir le
está afectando e impidiendo funcionar en su vida correctamente. En estos casos
estamos hablando ya de un trastorno de ansiedad, y es momento de aprender
a eliminar la ansiedad.
La característica principal de un trastorno de
ansiedad, es que se trata de un miedo irracional, es decir que no tiene ningún
sentido que esté ahí y que está interfiriendo con el funcionamiento de la
persona en su vida.
Los trastornos de ansiedad más
comunes son:
Trastorno de ansiedad generalizada.
Se caracteriza por una ansiedad crónica, no muy intensa, pero que mantiene
a la persona en constante preocupación sobre asuntos de su vida como las
finanzas, su salud, relaciones personales o laborales. Estas preocupaciones son
infundadas, y generan en la persona irritabilidad, tensión muscular, dificultad
para dormir y dificultad para concentrarse.
Trastorno de pánico.
Se refiere a personas que presentan episodios de pánico intenso, sin
ninguna razón aparente y en lugares o situaciones totalmente inesperados. Estos
episodios se conocen comúnmente como Ataques de Pánico o Ataques
de Ansiedad. El sistema de alarma del organismo se activa y la persona
comienza a sentir un intenso miedo y una sensación de que va a morir, y al
mismo tiempo tiene reacciones físicas como taquicardia, dificultad para
respirar, mareo, sudoración de las manos y hormigueo en brazos y piernas. El
trastorno de pánico puede desencadenar una agorafobia, ya que la persona
desarrolla un temor a salir de su casa por miedo a sufrir un ataque de pánico
en la calle y no tener quien le ayude. El Trastorno de pánico es tratable, pero
es importante entender cómo se activa para aprender a eliminarlos por completo.
Existen tratamientos comprobados para solucionar este tipo de
trastornos.
Agorafobia.
Un componente importante de la agorafobia son los ataques de pánico.
La agorafobia es un miedo a estar en lugares o en situaciones de las que sería
difícil escapar, o en donde la persona siente que nadie la ayudaría si es que
llega a tener un ataque de pánico. Comúnmente el miedo es a salir a lugares
como centros comerciales, mercados, cines, elevadores, autopistas, etc. o
incluso el quedarse solo en casa. En ocasiones la persona se siente más
tranquila si es acompañada por alguien de confianza.
Fobia social.
Las personas con fobia social tienen un intenso miedo a estar en
situaciones sociales como fiestas, reuniones, cursos, juntas, etc. Cualquier
situación en donde la persona siente que está expuesta a las críticas y a ser
juzgada por los demás. Normalmente estas personas tienden a evitar todo tipo de
interacción social y se aíslan.
Estrés post-traumático.
Muchas personas que han vivido experiencias traumáticas como un accidente,
una violación, un secuestro, una guerra o un terremoto, siguen experimentando
el terror que sintieron en el evento mucho tiempo después de que éste sucedió.
Tienen pesadillas, recuerdos repetitivos del evento, reviven el evento y el
miedo en su mente como si estuvieran ahí nuevamente, miedo a que algo les va a
suceder, pérdida de interés en actividades, falta de concentración e
irritabilidad.
Trastorno obsesivo-compulsivo.
La obsesividad se refiere a un pensamiento repetitivo que no tiene sentido,
pero que continúa apareciendo en la mente de la persona. La compulsividad se
refiere a una conducta repetitiva que generalmente está alimentada por el
pensamiento obsesivo. Esta conducta tiene el objetivo de reducir la ansiedad
generada por el pensamiento. Un ejemplo es la persona que necesita regresar a
su casa constantemente a revisar si cerró bien la puerta.
Es necesario informarnos al respecto, para poder conocer y determinar que debemos corregir. Esto con perseverancia es posible.
Éxitos!!

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