lunes, 13 de enero de 2014

CÓMO CURAR LA ANSIEDAD

La ansiedad es una respuesta normal del organismo ante una amenaza o peligro. Todos tenemos un sistema de “alarma”, que se dispara automáticamente en cuanto nuestro cerebro percibe lo que pudiera ser un peligro. Cuando esto sucede, sentimos miedo y ansiedad.

Sin embargo, para muchas personas la ansiedad se dispara sin que realmente exista nada que resulte amenazante de manera evidente.

Existen diferentes grados y tipos de ansiedad. Se le llama ataque de ansiedad a un episodio de ansiedad muy intenso, que aparece de repente y puede durar varios minutos. Muchas personas que sufren un ataque de ansiedad por primera vez se asustan ya que creen que les está dando un infarto o algo similar. Las sensaciones físicas son muy intensas y desagradables.

Hay quienes padecen de ataques de ansiedad con regularidad, y aunque ya han aprendido que son efectivamente ansiedad y no un problema grave de salud, se preguntan cómo pueden curar su ansiedad.

Curar la ansiedad si es posible, pero en muchos casos no es sencillo. El problema con la ansiedad es que es un miedo a algo indefinido, y eso puede abarcar prácticamente cualquier situación.

Cuando una persona es ansiosa, tiende a ver amenazas y peligros en toda situación. Si va a cruzar la calle piensa en que la puedan atropellar. Si va a bajar unas escaleras, piensa en la posibilidad de tropezar y caer. Si va al cine piensa en qué pasaría si hubiera un incendio o un temblor estando ahí dentro.
Realmente puede llegar a ser un problema muy incapacitante y difícil de resolver, ya que una de las características más importantes de un trastorno de ansiedad, es que la persona misma es quien alimenta su ansiedad.

Para curar la ansiedad se requiere de seguir unos pasos muy específicos, en los que la persona se dé cuenta de que sus ideas son irracionales, aprenda a dejar de generar ese tipo de pensamientos y aprenda también a construir emociones y pensamientos de bienestar y seguridad que reemplacen a los ansiosos.

Existen muchos remedios para la ansiedad, los cuales pueden ayudar en casos de ansiedad más leves. También hay muchas técnicas para superar la ansiedad, y aunque muchas son efectivas, también hay muchas que si no son bien trabajadas, pueden hacer que la ansiedad aumente.


Para curar la ansiedad de manera definitiva, es mejor aplicar técnicas comprobadas y efectivas, que enseñen a la persona a calmar la ansiedad de fondo y de manera permanente. Un tratamiento de ansiedad efectivo es aquel que consiste en un método paso a paso, el cual ha sido usado por muchas personas, y que ha dado buenos resultados a quienes lo han aplicado.


CRISIS DE PÁNICO

Todos somos susceptibles a un ataque de pánico ante una situación extrema, como puede ser un desastre natural, violencia o accidentes.

Pero el pánico también puede hacer presa de las personas en circunstancias ordinarias o cotidianas, es decir que pueden padecer este fenómeno síquico sin un motivo aparente, o por lo menos sin que se dé en su entorno alguna circunstancia fuera de lo común.

Quien es susceptible de pánico sin motivo aparente alguno, se trata de un individuo con alguna patología que altera su sique.

Este problema mental que aqueja a algunas personas puede aparecer sin previo aviso, y generalmente se presenta por primera vez en individuos con una edad entre los 18 y los 25 años. Intempestivamente sufren taquicardia, alteración de la presión sanguínea, sudoración exagerada, nauseas, vómito y una percepción falsa de la realidad, entre otros síntomas que desequilibran el organismo. Y se caracterizan por un nivel elevado de ansiedad. Lo cual repercute casi simultáneamente en la fisiología del afectado.

Y algo que aparentemente no debía por qué tener consecuencias graves, desencadena en una espiral de temores, angustia y arrebato, como un torbellino incontrolable de miedo extremo, que afecta irremediablemente a la función orgánica del cuerpo. El efecto es irrefrenable y puede devastar al afectado en pocos minutos, aunque para la víctima parezcan horas de sufrimiento y congoja.

El terror a lo desconocido hace presa fácil al individuo que no sabe cómo contrarrestar la avalancha de ráfagas emocionales y pronto puede ser víctima de una convulsión severa que afecta su mente y físico. La persona se siente como atrapado en un callejón sin salida, con temores de muerte, lo cual le produce un presagio hacía el desfiladero sin retorno, lo cual se convierte en un círculo vicioso que le impide encontrar una salida a su pesadilla, sino que, como un remolino, lo arrastra hasta el fondo con la intención de asfixiarlo.

Obvio que en las primeras experiencias no tiene recurso alguno para enfrentarla, pues ni siquiera sabe qué está pasando en su mente y su cuerpo. Resulta entonces un martirio indecible que lo marca con un temor más acendrado a la crisis y lo predispone a otra más impactante y cruel. Se dice que aproximadamente un 3 por ciento de la población mundial padece este mal.

En síntesis, podemos afirmar que las reacciones fisiológicas alteran a las sicológicas, formando una reacción en cadena que provoca un miedo desbocado, angustia y perturbación de la razón, que bien puede poner al borde del abismo al paciente, y sin saber por qué.

Sin embargo, si la crisis se repite, el individuo debe iniciar el rescate de su salud, iniciando un análisis de su experiencia e intentar afrontarla con valentía e inteligencia. Pues a la larga se irá dando cuenta, que si bien las crisis son aterradoras, sólo son una especie de distorsión de la realidad y que debe buscar los resquicios de la serenidad y el control emotivo para contrarrestar la crisis y no ser arrastrado por la avalancha de emociones brutales que representa ésta. Sólo que la persona difícilmente lo podrá encarar individualmente, debe ponerse en manos de un especialista para que ambos busquen y encuentren la solución al problema.

La ayuda profesional siempre será necesaria para atenuar este mal, buscando en los conocimientos del especialista y los recursos síquicos del paciente atenuar y hasta extirpar este mal de difícil control, por su desencadenamiento abrupto y avasallador. Preparar al paciente de una manera eficaz para contrarrestar el daño y refrenar sus efectos en el organismo y la mente.





ATAQUES DE PÁNICO

Causas y Solución

Muchas personas hoy en día padecen ataques de pánico, también conocidos como ataques de ansiedad. Un ataque de pánico es una experiencia muy intensa en la que sin razón aparente comenzamos a sentir miedo, angustia y sensaciones físicas como taquicardia, sudoración, adormecimiento de manos y piernas, dificultad para respirar, etc. En muchos casos quien lo padece no sabe lo que está ocurriendo y esto genera más miedo e incertidumbre. Pero, ¿por qué se dan los ataques de pánico?

 La respuesta de alarma natural de nuestro cerebro

Cuando nuestro cerebro percibe un peligro, automáticamente dispara una respuesta de alarma conocida como de “huir o pelear”. Lo que hace es preparar al organismo para huir de la amenaza o si esto no es posible, para pelear y salvar nuestra vida.
La función de alarma produce un aumento de actividad de diversas funciones corporales como aumento en la presión arterial, intensificación del metabolismo celular, incremento de glucosa en la sangre, aumento en la coagulación sanguínea e incluso un aumento en la actividad mental. De igual manera la sangre se va a los músculos mayores, principalmente a las piernas, para tener suficiente energía para escapar si es necesario. El corazón comienza a trabajar a una velocidad muy por encima de lo habitual, llevando rápidamente hormonas como la adrenalina a todo el cuerpo y a los músculos. El sistema inmunológico se detiene, así como todas las funciones no esenciales en el cuerpo, para prepararlo para lo que venga: la huida o la pelea.

Ataques de pánico o ataques de ansiedad: cómo inician

En algunas personas esta alarma se activa sin ninguna razón aparente. Cuando esto sucede, se da lo que se conoce como un ataque de pánico o ataque de ansiedad.

Durante un ataque de pánico, se dispara la alarma, la persona comienza a sentir todas las reacciones fisiológicas primitivas de huir o pelear, e inmediatamente vienen a la mente imágenes catastróficas. Cuando esto sucede, la persona percibe una confirmación de que sus síntomas iniciales eran de hecho indicadores de un peligro serio. Una sensación de peligro extremo invade a la persona, con lo cual el sistema de alarma vuelve a reaccionar desencadenando la respuesta de miedo, volviéndose así un círculo vicioso que paraliza a la persona, y cuando esto sucede podemos hablar ya de estar viviendo un ataque de pánico o ataque de ansiedad.

Evolución de un Ataque de Pánico o Ataque de Ansiedad

El siguiente esquema muestra paso a paso el desenvolvimiento de un ataque de pánico, y cómo es que se convierte en un círculo vicioso:

1. Algo detona el sistema de alarma en nuestro cerebro. Puede ser un factor externo o interno. Generalmente no estamos conscientes de este detonador, y no nos percatamos de todo lo que está sucediendo en nuestro organismo sino hasta el punto No. 3.

2. Al detonarse el sistema de alarma, comienzan a darse los cambios físicos en nuestro cuerpo, preparándose para “huir o pelear”. Estos cambios son el aumento de adrenalina, aumento en la frecuencia cardiaca, aumento de la temperatura corporal, la sangre se va a los músculos de brazos y piernas lo que puede causar una sensación de hormigueo, etc. Recordemos que hasta este punto, todo está sucediendo de manera automática, y no nos hemos percatado de ello.

3. En este punto es donde percibimos por primera vez algo raro en nosotros. Comenzamos a darnos cuenta de que el corazón late más rápido, sudamos, hay cierto nerviosismo, y estas sensaciones hacen que pongamos toda nuestra atención a lo que nos está pasando y lo que estamos sintiendo. Ponemos toda nuestra atención en el miedo, en las sensaciones del cuerpo y entonces es cuando pasamos al punto 4.

4. Al percibir todo esto, comenzamos a interpretarlo. El problema es que lo interpretamos con pensamientos catastróficos como “me está dando un infarto”, “me voy a morir”, “me voy a desmayar”, “nadie me va a ayudar”, “este es el fin”, etc… Al tener este tipo de pensamientos, es prácticamente inevitable que se dé el paso No. 5.

5. Pánico. Antes, cuando se disparó la alarma, el organismo se preparó ante una supuesta amenaza, y si, existe un cierto grado de miedo que es normal y necesario para la “pelea”. Pero en este punto ya entramos a lo que es el pánico, donde ya perdemos el control de nosotros mismos, de nuestras decisiones y de nuestro actuar. Este pánico se convierte entonces en un nuevo detonador, por lo que aumentan las palpitaciones, aumenta la sudoración, aumenta el hormigueo, probablemente aparecen incluso otras sensaciones físicas como mareo o debilidad en las piernas. 

Nos percatamos de esto y confirmamos nuestros pensamientos catastróficos, con lo que aumenta el pánico y así se convierte en un círculo vicioso en el que el mismo miedo es el que genera más miedo.

Lo más importante a tener en cuenta es que aunque no se sabe exactamente cuál fue el detonador inicial que desencadenó el ataque de ansiedad, lo cierto es que el peligro que nuestro cerebro está “percibiendo” no es real. Es decir no existe realmente una amenaza ahí afuera, y en realidad estamos a salvo. Nadie se ha muerto nunca de un ataque de pánico, aunque si pueden ser muy intensos y desagradables. Pero es muy importante estar consciente de lo que nos está pasando, para que cuando se presente, podamos estar tranquilos de que no nos está dando un infarto, sino saber que solamente es un ataque de ansiedad, y dejar que pase.

Tips para manejar un ataque de pánico:
  • Hacer una respiración lenta y profunda, sostener el aire por 5 segundos y sacarlo lentamente. Luego hacer unas cuantas respiraciones normales y repetir la respiración profunda.
  • Estar consciente de que es una reacción de ansiedad y decirse cosas tranquilizantes como “está bien, ya me ha pasado antes y lo he superado”, “ya va a pasar”, “es sólo mi cuerpo sintiendo ansiedad, pero no pasa nada”.
  • Recordar que aunque la sensación puede ser muy inquietante y molesta, en realidad no está pasando nada grave y va a desaparecer pronto.
  • Buscar distraerse para no alimentar los pensamientos catastróficos. Intentar platicar con alguien, recordar un número telefónico, hacer operaciones matemáticas en la mente, etc.
  • Se recomienda no luchar contra el pánico, ya que esto lo fomenta. Es mejor dejarse llevar, observarlo, simplemente dejar que pase.
  • Buscar un lugar en donde se esté cómodo mientras paran las sensaciones desagradables. Tal vez sentándose en algún lado o recargándose en la pared.

Los Ataques de Pánico, o Ataques de Ansiedad tienen solución. Muchas veces quienes lo padecen piensan que nunca van a lograr resolver el problema ya que parece que cada vez es más intenso. Lo importante es abordar el problema de ataques de pánico con un Tratamiento contra Ansiedad efectivo y especializado en resolver el problema de ataques de ansiedad.




TRASTORNOS DE ANSIEDAD

Todos hemos sentido ansiedad alguna vez en nuestras vidas. Es una reacción normal ante ciertas circunstancias que pueden representar un peligro para nosotros, y nuestro sistema de supervivencia está tratando de protegernos.

Por ejemplo, la ansiedad nos es muy útil cuando vamos caminando por la noche en un vecindario peligroso, para estar más alertas, o cuando tenemos un examen importante y nos motivamos a estudiar bien.

Hay muchos ejemplos cotidianos en donde es muy natural e incluso útil sentir ansiedad. Sin embargo también hay muchas ocasiones en que una persona siente una ansiedad demasiado intensa, que en lugar de ayudarle a sobrevivir le está afectando e impidiendo funcionar en su vida correctamente. En estos casos estamos hablando ya de un trastorno de ansiedad, y es momento de aprender a eliminar la ansiedad.

La característica principal de un trastorno de ansiedad, es que se trata de un miedo irracional, es decir que no tiene ningún sentido que esté ahí y que está interfiriendo con el funcionamiento de la persona en su vida.

Los trastornos de ansiedad más comunes son:

Trastorno de ansiedad generalizada.
Se caracteriza por una ansiedad crónica, no muy intensa, pero que mantiene a la persona en constante preocupación sobre asuntos de su vida como las finanzas, su salud, relaciones personales o laborales. Estas preocupaciones son infundadas, y generan en la persona irritabilidad, tensión muscular, dificultad para dormir y dificultad para concentrarse.

Trastorno de pánico.
Se refiere a personas que presentan episodios de pánico intenso, sin ninguna razón aparente y en lugares o situaciones totalmente inesperados. Estos episodios se conocen comúnmente como Ataques de Pánico o Ataques de Ansiedad. El sistema de alarma del organismo se activa y la persona comienza a sentir un intenso miedo y una sensación de que va a morir, y al mismo tiempo tiene reacciones físicas como taquicardia, dificultad para respirar, mareo, sudoración de las manos y hormigueo en brazos y piernas. El trastorno de pánico puede desencadenar una agorafobia, ya que la persona desarrolla un temor a salir de su casa por miedo a sufrir un ataque de pánico en la calle y no tener quien le ayude. El Trastorno de pánico es tratable, pero es importante entender cómo se activa para aprender a eliminarlos por completo. Existen tratamientos comprobados para solucionar este tipo de trastornos.

Agorafobia.
Un componente importante de la agorafobia son los ataques de pánico. La agorafobia es un miedo a estar en lugares o en situaciones de las que sería difícil escapar, o en donde la persona siente que nadie la ayudaría si es que llega a tener un ataque de pánico. Comúnmente el miedo es a salir a lugares como centros comerciales, mercados, cines, elevadores, autopistas, etc. o incluso el quedarse solo en casa. En ocasiones la persona se siente más tranquila si es acompañada por alguien de confianza.

Fobia social.
Las personas con fobia social tienen un intenso miedo a estar en situaciones sociales como fiestas, reuniones, cursos, juntas, etc. Cualquier situación en donde la persona siente que está expuesta a las críticas y a ser juzgada por los demás. Normalmente estas personas tienden a evitar todo tipo de interacción social y se aíslan.

Estrés post-traumático.
Muchas personas que han vivido experiencias traumáticas como un accidente, una violación, un secuestro, una guerra o un terremoto, siguen experimentando el terror que sintieron en el evento mucho tiempo después de que éste sucedió. Tienen pesadillas, recuerdos repetitivos del evento, reviven el evento y el miedo en su mente como si estuvieran ahí nuevamente, miedo a que algo les va a suceder, pérdida de interés en actividades, falta de concentración e irritabilidad.

Trastorno obsesivo-compulsivo.
La obsesividad se refiere a un pensamiento repetitivo que no tiene sentido, pero que continúa apareciendo en la mente de la persona. La compulsividad se refiere a una conducta repetitiva que generalmente está alimentada por el pensamiento obsesivo. Esta conducta tiene el objetivo de reducir la ansiedad generada por el pensamiento. Un ejemplo es la persona que necesita regresar a su casa constantemente a revisar si cerró bien la puerta.

Es necesario informarnos al respecto, para poder conocer y determinar que debemos corregir. Esto con perseverancia es posible.

Éxitos!!